Mad Men – El arte de la sutileza

Todos sabemos que en ocasiones con un silencio, o incluso un gesto, se puede transmitir más que con cualquier cosa que podamos decir con palabras.

Si tuviéramos que definir Mad Men en un solo concepto, sería exactamente con esta idea.

Creada por Matthew Weiner, el mismo que nos trajo la mítica Los Soprano, Mad Men nos habla de la vida de Don Draper. Un Director Creativo de Sterling Cooper, una Agencia Publicitaria en pleno centro de Nueva York en los años 60.

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Mad Men tiene lugar en Nueva York, durante el periodo de la guerra fría en los 60.

Con tal de desertar de la guerra y poder volver a casa, Dick Whitman (su verdadero nombre), suplanta la identidad de uno de sus compañeros fallecido en combate, del cual obtiene el nombre de Don Draper. A partir de aquí, la mayor parte de la serie nos relata todos los problemas por los que pasa al llevar una doble vida basada en una identidad falsa.

La buena publicidad o advertising reside en la capacidad de transmitir con creatividad una idea de forma sutil, usando nuestros deseos más primitivos, con el fin de vender un producto o un servicio que pueda satisfacer esas necesidades.

Podriamos decir que los profesionales de este campo son expertos en el comportamiento humano. Deben conocer muy bien lo que motiva a las personas a comportarse de determinadas formas para así poder llevar a cabo su trabajo de forma eficaz.

Mad Men es como un buen publicista. En esencia, realiza una radiografía de la naturaleza humana y la sociedad del momento. Nos muestra el glamour, el lujo y el placer, pero también los traumas, contradicciones y dificultades. Y lo hace de forma brillante, con clase, elegancia y por encima de todo, sutileza.

Here was Don's stellar Season 2 pitch for Playtex lingerie: every woman has two sides -- Jackie Kennedy and Marilyn Monroe. The playful ad also featured the same model, to further accentuate the two sides.
Contínuamente debemos leer entre líneas para descubrir lo que realmente está sucediendo en cada escena.

A pesar de que su protagonista Don Draper viva literalmente una segunda vida, de una forma u otra los otros personajes acaban haciendo lo mismo.

En aquella época, el salto entre la vida privada y pública era abismal. El protocolo y los formalismos estaban a la orden del día, y todo lo que decías podía ser objeto de juicio. Mostrar debilidad en el lugar de trabajo le podía costar el puesto a un hombre de negocios. O una mujer que fuera vista paseando a largas horas de la noche podía perder su reputación y matrimonio. Por eso, mantener esa fachada es un aspecto clave para mantener a raya ambos mundos sin que acaben desmoronándose.

La grandeza de la serie está en el hecho de que consigue mostrar al espectador tanto lo que se dice como lo que no. De hecho, pocas veces se “dice” nada directamente, sino que se sugiere. Está en nuestras manos interpretar un gesto, una mirada o un silencio de una forma u otra.

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Las expresiones y los gestos son clave para saber que están pensando realmente los personajes.

Esto plantea cuestiones muy interesantes acerca de la voluntad de los protagonistas. Suele ser difícil averiguar lo que realmente quieren o desean, ya que no sabemos si sus acciones son acordes a lo que la sociedad espera de ellos, o a sus verdaderos deseos. La necesidad de mantener una “máscara” ante la sociedad obliga a la propia serie a que las cosas se acaben dando a conocer a través de todos los aspectos del medio audiovisual, excepto la palabra.

Por eso, la cinematografía de la serie se basa en este mismo principio. Es exquisita y elegante, y viene acompañada de diálogos inteligentes, perspicaces y llenos de dobles sentidos. No se dice ni más ni menos de lo estrictamente necesario, y en todo momento debemos estar atentos a lo que se está diciendo entre líneas.

La imagen, al igual que los personajes, se comunica con nosotros a través del significado oculto en las formas, la composición o la decoración. También lo hace con el montaje, usando las distintas transiciones y la contraposición de los planos para aportar comentarios críticos o humorísticos de forma sutil.

Uno de los ejemplos más claros del dominio del lenguaje visual de Mad Men es el uso de la iluminación.

Por un lado, todo lo que sucede en la faceta pública de la serie ocurre en sitios con una iluminación muy limpia,  uniforme y normalmente con pocas sombras. Esto expone a los personajes, y deja al descubierto tanto sus acciones como lo que dicen ante la sociedad. En contrapartida, vemos que las escenas en que los personajes muestran su lado más personal y sus verdaderos deseos o intenciones, están llenos de sombras y contrastes.

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La diferencia entre la vida privada y pública se puede ver claramente en muchos aspectos de la imagen, como por ejemplo la iluminación.

En cuanto a los personajes, estos están muy bien construidos. Son interesantes, contradictorios, llenos de imperfecciones y problemas ante los cuales van evolucionando a lo largo de las temporadas.

En su mayor parte, la serie se centra en el contrapunto entre sus vidas en el trabajo y en el hogar, tanto para los hombres como para las mujeres. Aquí cabe destacar el gran papel de todo el reparto. La necesidad del guión de saber transmitir toda clase de emociones o pensamientos sin la palabra, a través de gestos, expresiones o acciones es algo vital para que la fórmula de Mad Men funcione. Y funciona estupendamente.

Don Draper, interpretado por Jon Hamm es la cúspide de este logro. Es el representante en su máximo exponente de esta idea, ya que literalmente él no es quien dice ser. Y como el resto, debe mantener eso cada día para que la realidad que ha construido en base a esa doble vida no se desmorone.

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Jon Hamm hace uno de los mejores papeles de su carrera, a partir del cual se le han abierto puertas a muchas otras oportunidades en la industria.

Personalmente no soy muy fan de las obras que tratan de introducir con calzador una agenda política a cuestas de la historia o del resultado final de la obra. Pero Mad Men me hizo ver que se pueden tratar cuestiones políticas y sociales evitando decirle al espectador que debe pensar, sin llegar a convertir a la serie en un mero producto propagandístico o en un juicio moral.

Se plantean cuestiones sociales de todo tipo a las que cada espectador debe responder de forma personal. Se muestra la versión tanto de un bando como del otro, y los matices que existen entre las distintas dialécticas que se plantean durante toda la serie. Cada personaje, sea cual sea su condición, lidia con sus problemas de formas distintas y totalmente justificadas.

Algunos de los temas en los que se entra son la relación entre hombre y mujer, y sus papeles en la sociedad. También la importancia de la familia, los saltos generacionales, la política, o cuestiones en referencia a la homosexualidad y la raza entre otros.

El resto de aspectos como la música están al mismo gran nivel. Su banda sonora acompaña con glamour y buen gusto la vida en la ciudad. Podríamos decir que con cada tema prácticamente puedes percibir el sabor del whisky y el olor a tabaco que desprenden los trajes de marca.

El otro logro por el que se reconoce a esta serie es por su gran ambientación. La decoración, el vestuario y las localizaciones son impecables. La inclusión de objetos vintage, desde los teléfonos o las máquinas de escribir hasta los coches clásicos, nos transportan fielmente a aquella época y nos hacen olvidar que vivimos en el siglo XXI.

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Desde el vestuario hasta las localizaciones podemos ver un gran trabajo tras las cámaras.

En definitiva, Mad Men está realizada de forma exquisita. Tiene clase y es efectiva en su mensaje, como un buen anuncio hecho por Don Draper. Solo que este dura 7 temporadas y nos ofrece probablemente una de las mejores series, no solo de esta temática, sino también de la historia de la televisión.

Os doy un consejo. Si queréis disfrutar realmente de esta serie, no os quedeis con lo que nos “dice” el anuncio, sino con lo que se nos está vendiendo. Solo así se puede descubrir aquello en lo que brilla más esta gran serie y que puede pasar desapercibido fácilmente.

 

Podéis verla en Netflix y en Movistar+.

 

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